Finalmente llegó
el día. Al fin ya puedo respirar aliviado (por un lado) al haber “muerto”. Ya
no tengo que preocuparme de que tan doloroso era la muerte o no. Simplemente me
he quedado dormido y he “despertado” en esta habitación oscura, fría y en la
que me encuentro totalmente solo.
No dejo de caminar
en esta habitación profunda, en donde está lleno de puertas, las cuales al
abrirlas, me transporta al recuerdo de mi vida en la tierra, como por ejemplo
mi licenciatura de 4to medio, el nacimiento de mi hijo, el ascenso en mi
trabajo, etc.
De puerta en
puerta, llegué a una habitación en blanco, más que blanco, estaba bajo una
iluminación potente, como una especia de neblina matinal pero de color más
amarillo. Tras unos minutos (largos minutos que me parecían una eternidad)
comienza a disiparse esta especia de neblina, lentamente, mientras la
temperatura ambiente de la habitación comenzaba a subir. Ya no tenía frío. A lo lejos, se veía a alguien caminando, no
divisaba bien lo que era, la luz era muy potente, provocando como una ceguera momentánea. Pasaban y pasaban los
minutos y de a poco podía visualizar lo que era, aunque no estaba seguro
exactamente de lo que era, ¿un ángel? ¿Un
espíritu?. Sea lo que fuera, se llamaba Gabriel, fue lo primero que me dijo.
Sin dejarme hablar, prosiguió: “tú eres Diego y tienes 50 años”. ¿Todavía
cumplía años? ¿Todavía tengo edad? Pensé que al morir ya no cumplía años. Le
pregunté si era el famoso ángel del juicio final, el que otorgaba el paso final
al paraíso de la vida eterna o bien, me mandará allá abajo con Satanás,
acompañado de personajes como Hitler, Voldemort y Pinochet. Él, riéndose me
dice: “no, yo no te voy a juzgar por lo que hiciste o no, lo que pudiste haber
hecho o lo que no debiste haber hecho. El único que se va a juzgar serás tú,
entraras a un juicio con el todo poderoso, en donde haré de jurado y tendrás
que defenderte ante la acusación que se te hará.
No sabía que
decir, que pensar. ¿Un juicio en el que depende de mí poder salvarme? Jajajaj
no podía creerlo, de verdad sería muy fácil. Solo bastaría responder algo que
ellos quisieran oír, pedir perdón si es necesario y listo, en el fondo “agachar
el moño” como se dice.
Ok, le dije al
ángel, espíritu, lo que fuera en verdad. Que comience el juicio, les dije, Me
pusieron en una silla enfrente del todo poderoso y al costado mío tenía a
Gabriel, el cual me miraba en todo momento como con cara de “de ti depende
salvarte”. Partió el juicio diciéndome “Diego, yo los cree a cada uno de
ustedes y los envié a la Tierra para que fuesen felices, para que vivieran de
sus talentos, de sus pasiones, de algo en que verdad fueran felices, porque si
tú eres feliz, eres bueno con los demás, compartirás esa felicidad con los
demás”. Dentro de mi hacía un eco sus últimas palabras “los mandé para que
fueran felices..” “los mandé para que fueran felices..”. Automáticamente hacía
un raconto de mi vida para analizar cuán feliz había sido, hasta que nuevamente
se pronuncia diciéndome; “dicho esto, Diego¿ fuiste feliz? ¿Cumpliste mi
propósito por el cual los envié a la Tierra?” Yo le contesté que sí, que si fui
feliz. No sé si le molestó mi respuesta, o por cómo se lo dije, pero su cara no
me gustaba, me asustaba.
“Te di la
posibilidad de realizar “un juicio abreviado” como lo hacían allá en la tierra,
pero en vista de tu mentira, proseguiré con el juicio. A continuación haré un
breve relato de lo que fue tu vida terrenal.”
“A los 18 años
entraste a estudiar Ingeniería Comercial, una carrera que no te gustaba, en la
que entraste a estudiar por dinero. Terminaste la carrera en los 5 años,
obtuviste un trabajo con un buen sueldo y a los años después entraste a
estudiar un Magíster en la Universidad de Chile. Pasaban los años y a los 30
años ya estabas casado, con un hijo llamado Martin, además de estar a cargo de
la Gerencia de una Empresa muy importante del país. Empezaste a ganar más
dinero, llegó la casa grande, el auto deportivo y la camioneta familiar, además
de una casa en la playa. Aparecieron las vacaciones en Cancún, Puerto Rico. Es
cierto, estabas siendo exitoso. Pero Diego ¿Qué es el éxito? ¿Acaso es tener
una gran cantidad de ceros en la cuenta corriente? Si eso creías, déjame
decirte que no, eso no es ser exitoso. A los 42 años fuiste a los Estados
Unidos a estudiar un Postgrado en Economía, y lanzaste tu propia empresa ¡Qué
maravilloso!, ¿no? Trabajabas 12 horas diarias, con tal de generar más
ingresos, situación que colapsó a tu familia, terminando con tu matrimonio, y
alejándote de tu hijo. A los 50 años se te diagnostica una enfermedad
desconocida. Mueres rápidamente, y te encuentras aquí, en el juicio final, en
donde podrás salvarte en el paraíso, o condenarte en el infierno. Nuevamente te
hago la pregunta ¿fuiste feliz en tu vida? ”
Me quedé
paralizado, sentía que cada palabra del relato, relato de mi vida, era una
apuñalada a mi corazón, una tras una, provocando mi muerte y poniéndome acá
(acaso yo solo me mate, al tener una vida sin sentido?) Tenía rabia, tenía
miedo, estaba muy arrepentido, pero que podía hacer?. Gabriel me mira y me dice
que era mi turno de hablar, que presentara mis argumentos para defenderme y
asegurar mi salvación en la vida eterna.
He decidido no
salvarme. Los dos se quedaron mirando, sin encontrar respuestas. “¿Acaso no
lucharás por entrar al paraíso, un lugar lleno de paz y tranquilidad?” ¿“Acaso quieres pasar el resto de tu vida en
las tinieblas, en la oscuridad?” Obviamente no quiero eso, pero es lo que me
merezco, porque no fui capaz de cumplir con el propósito de todas las personas,
ser feliz, por ende, me merezco este castigo. No obstante quiero defenderme
frente a ustedes, sino que defenderme por mi hijo, y de paso pedirle perdón.
Seguían sin entender mi decisión, por lo cual solo dijeron “ok, pero te has
condenado al infierno”.
Martin, hijo.
Estoy acá en el medio de la nada, en el purgatorio, en donde llegan todas las
personas que mueren. Se me ha acusado de llevar una vida sin sentido, de
preocuparme por cosas sin importancia, como por ejemplo, el dinero y no de lo
más importante, como tú y tu madre, mi familia. Tienes 20 años y yo solo quiero
decirte que seas feliz, que vivas la vida que siempre has querido vivir. Acá no
te juzgaran por ser rico o pobre, sino por cuan feliz fuiste en la vida. Sé que
estás estudiando Ingeniería Civil, y sé muy bien que no es lo que te gusta. No
cometas el error que cometí yo. Lo tuyo es el Periodismo, la escritura, la
fotografía. Estudia lo que te gusta, lo que te apasiona, busca ser el mejor y
serás feliz. Si tienes un sueño ve por él y no lo dejes ir, no cometas el error
que cometí yo. A tu edad, mi sueño era conocer el mundo, escribir novelas. Pero
me dejé guiar por estos “roba sueños”, personas que criticaban mis sueños y me
incitaron a priorizar el dinero por sobre mi felicidad. ¿de qué sirve todo el
dinero del mundo si para eso se deja de lado nuestros sueños y felicidad? No
sabes cuánto daría por estar en tu lugar, tener tu edad y luchar por mis
sueños. Pero no es así, ya es tarde para mí. Pero tú aún estás a tiempo, así
que lucha por ello hijo, nosotros fuimos a la tierra para ser felices….Te amo
hijo.
Gabriel y el todo
poderoso se miraban, sonreían, como si estuvieran satisfecho con lo que veían (o
escuchaban), como si todo estuviera planeado. Tras esas miradas, Gabriel se me
acerca y me dice “siempre se dará una segunda oportunidad a quienes en verdad
la necesiten”.
Lentamente se
alejaba Gabriel junto a la luminosidad de la habitación, volviendo nuevamente a
la oscuridad. ¿ Y qué hago ahora? Me preguntaba. Cuando de repente una luz
blanca cada vez se hacía más y más grande… era el momento de despertar y
disfrutar de esta segunda oportunidad que me dieron…hoy tengo 20 años y busco
mi felicidad.
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